Carta a mi hijo adolescentes

Carta a mi hijo adolescentes

Una carta a mi hijo adolescente que me odia

Soñé contigo antes de que fueras un susurro o una realidad. Soñé contigo cuando eras tan pequeño en mi vientre que nadie podía verte, excepto yo. Soñé contigo cuando estaba inclinada sobre un retrete hasta que no quedaba nada. Soñé contigo mientras estaba tumbada en el sofá diciéndole a papá que sí, que estaba segura de que necesitaba patatas fritas cuanto antes y otro episodio de Lost. Soñé contigo y te atesoré mientras mi barriga hacía que mis pantalones fueran apretados e incómodos, mientras mis piernas se hinchaban y mientras mis mejillas se llenaban y mis hoyuelos eran más profundos. Soñé contigo en las noches de insomnio sosteniendo mi vientre y contando las contracciones como me decían las comadronas. Soñé contigo mientras entregaba mi cuerpo a algo que estaba completamente fuera de mi control.
Soñé contigo cuando las contracciones recorrían mi cuerpo y sabía que era el momento. Soñé contigo mientras trabajaba con un dolor que no sabía que existía. En mi corazón sabía que valía la pena cada respiración, cada dolor, cada empujón. Lo sabía, porque era yo quien te llevaba. Te llevé en mi vientre, en mi corazón y en mi alma.

Una carta a mi hijo de 16 años

Los niños necesitan oír que sus padres les quieren y están orgullosos de ellos, y a veces los padres, muy ocupados, se olvidan de dedicar tiempo a poner sus sentimientos en palabras. Considera la posibilidad de tomar tus pensamientos y ponerlos por escrito. Estos ejemplos de cartas de ánimo para un hijo son formas sencillas de que los padres expresen su amor por sus hijos.
Con los niños, las palabras suelen entrar por un oído y salir por el otro. Los días son ajetreados, la gente siempre nos escucha a medias, e incluso cuando los padres intentan dar palabras de ánimo, los niños no necesariamente las asimilan ni las retienen. Si escribes tus palabras de ánimo, tu hijo tendrá algo que mirar y releer cuando necesite sacar fuerzas e inspiración.
Por desgracia, muchas familias se enfrentan al divorcio, y los niños suelen verse afectados por la ruptura de un modo u otro. El divorcio puede hacer que los niños se sientan enfadados, tristes y ansiosos. Considere la posibilidad de escribir una carta de ánimo para ellos, haciéndoles saber que es consciente de que los tiempos son difíciles, pero que al final todo irá bien. Al escribir una carta como ésta, tenga en cuenta algunos factores clave.

Carta a mi hijo adolescente en su cumpleaños

Victor Lundberg (2 de septiembre de 1923 – 14 de febrero de 1990) fue una personalidad de la radio estadounidense. Se le conoce sobre todo por un disco hablado llamado “An Open Letter to My Teenage Son”, que se convirtió en un improbable éxito del Top 10 en 1967[1].
Lundberg nació en Grand Rapids, Michigan, y era locutor en la emisora de radio WMAX de Grand Rapids cuando lanzó “An Open Letter” en septiembre de 1967. La letra, escrita por Robert R Thompson y producida por Jack Tracy, imagina al narrador hablando con su hijo adolescente (en la vida real, Lundberg tenía al menos un adolescente varón en su casa en ese momento). Lundberg habla de los hippies, la guerra de Vietnam y el patriotismo. La voz en off, pronunciada sobre “Battle Hymn of the Republic”, después de empatizar, en cierto modo, con varias de las preocupaciones típicas de los adolescentes de la época, se vuelve más conservadora y termina memorablemente con Lundberg diciéndole a su hijo que, si el adolescente quema su tarjeta de reclutamiento, debería “quemar [su] certificado de nacimiento al mismo tiempo”. A partir de ese momento, no tengo ningún hijo”.

Carta a mi hijo adolescente enfadado

14? ¿Tienes 14 años? ¿Cómo es posible? Parece que hace sólo unos momentos eras mi pequeño bebé, pero no puedo recordar un tiempo antes de que yo fuera tu madre.  Ante todo, quiero que sepas que te quiero. Incluso cuando me desafías. Incluso cuando te olvidas de que tienes que cocinar mañana y yo estoy corriendo como una idiota tratando de ordenar los ingredientes a una hora tonta de la noche. Incluso cuando pierdo la paciencia y te grito. Tú, mi primogénito, eres cariñoso, inteligente, divertido, talentoso, guapo y maravilloso y siempre serás mi niño.
Sé que, desde tu punto de vista, soy un terrible regañón. Soy consciente de que estoy constantemente pendiente de ti, preguntándote por los deberes, queriendo ver tu agenda, comprobando que has metido la mochila en el colegio, recordándote el desodorante, pidiéndote que ayudes a limpiar después de cenar……. y la lista continúa. Lo sé. Estoy segura de que podrías hacer una lista muy larga de cosas por las que te doy la lata.    Estoy segura de que crees que te regaño porque soy mala. Tal vez pienses que es porque disfruto regañándote, probablemente creas que no te entiendo. Sin duda crees que no tengo ni idea de lo que es ser un adolescente. La verdad es, mi querido muchacho, que no podrías estar más equivocado.

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