Alimentacion en la lactancia materna

Alimentacion en la lactancia materna

Horario de la lactancia materna y de la alimentación con leche artificial

La lactancia materna, también llamada amamantamiento, es el proceso de alimentar a un niño con leche materna, ya sea directamente del pecho o extrayendo la leche del pecho y dándosela al bebé con un biberón[1] La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la lactancia materna comience en la primera hora de vida del bebé y que continúe con la frecuencia y la cantidad que el bebé desee[2][3]. 2] [3] Durante las primeras semanas de vida, los bebés pueden mamar aproximadamente cada dos o tres horas, y la duración de una toma suele ser de diez a quince minutos en cada pecho[4] Los niños mayores se alimentan con menos frecuencia[5] Las madres pueden extraerse leche para utilizarla más tarde cuando no sea posible la lactancia materna[1] La lactancia materna tiene una serie de beneficios tanto para la madre como para el bebé, de los que carecen los preparados para lactantes[3] [6].
El aumento de la lactancia materna en todo el mundo podría evitar aproximadamente 820.000 muertes de niños menores de cinco años al año[7] La lactancia materna disminuye el riesgo de infecciones de las vías respiratorias y de diarrea para el bebé, tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados. Otros beneficios son la disminución del riesgo de asma, alergias alimentarias y diabetes de tipo 1.[3] La lactancia materna también puede mejorar el desarrollo cognitivo y disminuir el riesgo de obesidad en la edad adulta[2]. Las madres pueden sentirse presionadas para dar el pecho, pero en el mundo desarrollado los niños suelen crecer con normalidad cuando se les alimenta con leche artificial[8].

Consejos para la lactancia materna

Priya Tew, dietista titulada en el Reino Unido : Priya es una profesional de la nutrición galardonada, licenciada en ciencias de la nutrición y con un máster en dietética, y está inscrita en la Asociación Británica de Dietética y en el Consejo de Profesiones Sanitarias. Es madre de tres hijos y los amamantó hasta que cumplieron 18 meses.
No es necesario seguir una dieta especial durante la lactancia, pero lo que se come debe ser nutricionalmente equilibrado. Esto significa que hay que consumir mucha fruta y verdura, así como cereales integrales como la avena, el arroz integral y los panes etiquetados como “integrales”, “de grano entero” o “de trigo entero”. Estos alimentos, así como las patatas, la pasta y el cuscús, también tienen un alto contenido en almidón, una importante fuente de energía.
También necesitas proteínas magras -buenas fuentes son el pollo, los huevos, las legumbres, las lentejas, el pescado y la carne de vacuno magra- y grasas saludables, que se encuentran en el aceite de oliva, los frutos secos, las semillas, los aguacates y el pescado azul, como el salmón o la caballa. El pescado azul es bueno para tu salud y para el desarrollo de tu bebé, pero no debes consumir más de dos raciones -unos 140 g- de pescado azul (o más de una ración de pez espada, tiburón o aguja) a la semana, ya que pueden contener contaminantes.1

Ventajas de la lactancia materna

La lactancia materna, también llamada amamantamiento, es el proceso de alimentar a un niño con leche materna, ya sea directamente del pecho o extrayendo la leche del pecho y dándosela al bebé con un biberón[1] La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la lactancia materna comience en la primera hora de vida del bebé y que continúe con la frecuencia y la cantidad que el bebé desee[2][3]. 2] [3] Durante las primeras semanas de vida, los bebés pueden mamar aproximadamente cada dos o tres horas, y la duración de una toma suele ser de diez a quince minutos en cada pecho[4] Los niños mayores se alimentan con menos frecuencia[5] Las madres pueden extraerse leche para utilizarla más tarde cuando no sea posible la lactancia materna[1] La lactancia materna tiene una serie de beneficios tanto para la madre como para el bebé, de los que carecen los preparados para lactantes[3] [6].
El aumento de la lactancia materna en todo el mundo podría evitar aproximadamente 820.000 muertes de niños menores de cinco años al año[7] La lactancia materna disminuye el riesgo de infecciones de las vías respiratorias y de diarrea para el bebé, tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados. Otros beneficios son la disminución del riesgo de asma, alergias alimentarias y diabetes de tipo 1.[3] La lactancia materna también puede mejorar el desarrollo cognitivo y disminuir el riesgo de obesidad en la edad adulta[2]. Las madres pueden sentirse presionadas para dar el pecho, pero en el mundo desarrollado los niños suelen crecer con normalidad cuando se les alimenta con leche artificial[8].

Lactancia materna y alimentación con biberón con leche extraída

La crianza responsiva, es decir, la respuesta rápida y adecuada a las necesidades del bebé, está ampliamente reconocida como un importante elemento protector de la salud, el bienestar y el desarrollo del bebé1. Cuando los bebés se sienten seguros al cuidado de un cuidador principal, obtienen mejores resultados sociales, educativos y emocionales2.
Hay muchos elementos en la crianza responsiva, pero uno de los aspectos centrales dentro de esta relación es la importancia de la alimentación responsiva. Responder a las señales de alimentación del bebé (tanto de hambre como de saciedad), tanto si se le alimenta con el pecho como con el biberón, es un paso importante para ayudar al bebé a desarrollar no sólo una relación de apego segura, sino para establecer comportamientos alimentarios positivos a largo plazo. La alimentación responsiva aprovecha la capacidad natural del bebé para regular su ingesta de calorías, algo que puede desaparecer cuando el bebé crece3. Alimentarlos cuando tienen hambre y poder parar cuando están llenos les ayuda a conservar esta capacidad4.
Sin embargo, el concepto de alimentación reactiva puede suscitar una gran preocupación en los padres primerizos, sobre todo en relación con la frecuencia con la que se alimenta a los bebés amamantados. Una de las preocupaciones es si alimentar al bebé con frecuencia es una señal de que no está tomando suficiente leche, lo que se agrava al no poder ver la cantidad de leche que consume el bebé. A otros les preocupa si los bebés tienen que aprender a alimentarse con menos frecuencia siguiendo un patrón establecido. Sin embargo, responder a las señales naturales del bebé es un paso fundamental para establecer el suministro de leche y fomentar un aumento de peso y un desarrollo saludables en los bebés.

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